“MAESTRA VIDA”, DONDE LA EXISTENCIA NO OTORGA CLASES PARA PRINCIPIANTES, DONDE EXIGEN DE UNO LO MÁS DIFÍCIL
El argumento, aunque es difícil de reconstruir, se puede establecer desde la perspectiva de uno de los personajes, el “profe” Orlando. Esta ruta argumental tiene como bisagra su nombramiento en el magisterio peruano y como cancerbera a su imponente alumna, la “negra” Zeta.
El narrador cuenta la historia del profe como si estuviera en su velorio. En esta especie de conversación con un cadáver van discurriendo escenas y escenarios propios de la Lima de fines de los noventa y comienzos del siglo XXI, con un realismo espeluznante y sorprendente.
La novela es una muestra muy versátil de los recursos técnicos apropiados para la novela corta. Los personajes son presentados con una serie de rasgos indefinidos y dispersos que van organizándose de acuerdo a las circunstancias. Un nuevo existencialismo los ordena y los conduce por los senderos de la despersonalización, el aprovechamiento del otro, el sálvese quien pueda.
El lenguaje proviene de la oralidad callejera hasta emparentarse y mezclarse con la jerga urbana limeña, contaminándose de lo popular, de lo coloquial. El tono linda con un dramatismo de sintaxis entrecortada y pensamientos grotescos que oscurecen las acciones pero no impiden que la vida continúe.
El relato de los acontecimientos es fluido y la tensión de la trama se va desenredando con naturalidad y dinamismo, relacionando el final con el principio. Las vidas se cuentan de una forma muy elemental y no por ello carecen de un punto de vista reflexivo y cuestionador.
La dosis de humor, erotismo y ternura –como en toda buena historia– equilibran la crudeza de las intimidades de los personajes y la violencia de los crímenes que enrojecen la novela. Lima es así, la vida es dura en la urbe peruana y quien la padece triunfa, sobrevive.
El título está emparentado con la famosa salsa del gran Rubén Blades. La vida se aprende a vivirla en el dolor y los aprendices no tienen la oportunidad de exhibir sus logros porque la muerte acecha hasta convertirlos en duros de colección. Nada puede lo tecnológico con el ciudadano común y corriente, porque este solo sabe morir o exteriorizar lo canino de su experiencia. En “Maestra Vida”, la existencia es la más dura de las guerras y el destino del hombre no figura en la agenda de la civilización.
José Gabriel Valdivia
Arequipa, 2012 marzo 19.
